domingo, 10 de agosto de 2008

Una Llamada Al Amor


Conciencia, libertad y felicidad, las tres palabras que acompañan el inicio de las meditaciones que nos presenta Anthony de Mello en su libro Una Llamada Al Amor, la propuesta parece muy sencilla, el error radica en nuestra forma de pensar como alguna vez lo propuso en su Elogio de la dificultad el maestro Estanislao Zuleta “nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que la desgracia no esta tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la misma forma de desear. Deseamos mal”.
Es como un juego que no queremos reconocer pero jugamos todo el tiempo, por más que alcanzaras todas tus metas propuestas sabes que no te brindarán la felicidad que estas esperando, se pone la felicidad como una meta a lograr como el fin último de la existencia, se amarran cadenas y anclamos esperanzas en islas inventadas, pretendemos encontrar una verdad que nos brinde un trago mágico que por fin nos libere de la incertidumbre del día último, se nos enseña a escapar de nosotros mismos a buscar todo cuanto necesitamos en el exterior, a pensar más en un futuro que en un presente, allá en ese futuro esta la posibilidad, esta todo cuanto hemos deseado y esperado.
Somos en definitiva epicúreos, aun cuando podríamos considerarnos los más mediocres de los epicúreos, pues queremos evitar el dolor precisamente generándonos grandes mentiras que luego nos masticamos y tragamos con una sonrisa para en seguida sentarnos a llorar nuestro dolor y nuestra verdad, aceptamos la evitación del dolor más no la verdadera búsqueda del placer (aceptando este aquí como sinónimo de felicidad), ponemos mayor atención a las indicaciones que nos garanticen un largo sufrimiento que a las posibilidades que nos ofrecen el autentico disfrute del instante, queremos hacer el mejor uso de nuestras capacidades de pensamiento y contrariamente terminamos comportándonos de la manera mas torpe, escondiéndonos en un pequeño segmento de una idea impuesta.
Si entendemos libertad como la capacidad de libre decisión ya entramos en el punto preciso pues en ningún momento se nos permite detenernos a pensar y decidir si aceptamos o no la idea que nos están inculcando.
Así podemos por ejemplo reconocer que los miedos y creencias que tanto determinan nuestro comportamiento han sido heredados no solo de nuestro hogar, si no en gran medida de la sociedad en la que nos encontramos inmersos, lloramos nuestros muertos y las despedidas por que no queremos aceptar la partida de los seres a los que les habíamos delegado la responsabilidad de nuestra felicidad, ellos representan de alguna forma lo bueno de la vida y desprendernos de ellos significa por tanto volver a ese mundo oscuro y lleno de soledad que se encuentra en nuestro interior, la pregunta que se trata de responder es como amarlos desde el interior, talvez los apegos sean tan necesarios para nuestro aprendizaje como el hecho de gatear para que el niño pueda caminar.
Un buen camino que se propone es el cese a la violencia, de nada sirve observar y cuestionar nuestras conductas si el proceso inicia con un reclamo y termina con una condena, si todas y cada una de las ideas que poseemos forman parte de un proceso de adoctrinamiento es imposible que tengamos la claridad para asumir el papel de jueces y condenarnos o absolvernos totalmente.
Podría rescatar una gran cantidad de las reflexiones del libro y dejar pasar de lado las contradicciones que se presentan, evitarme el trabajo de detenerme en esos puntos que me ponen otra vez sobre la incertidumbre, pero esto sería igualmente aceptar verdades y recibir una nueva “programación”.
Rescato enormemente la importancia que se le da a la necesidad de reconocer nuestra esencia de soledad, me inclino a creer que un punto importante y básico en el crecimiento del ser humano esta en reconocer esa ausencia que esta por encima de todos los razonamientos, las islas inventadas, los amores, los sueños, y las esperanzas apuntan más que a la búsqueda de la felicidad al escape de la soledad.
Tenemos por encima de todo un miedo monumental que nos abraza mientras ríe de saber que lo abrazamos a él por que no nos conocemos, comenzamos a caminar por donde este nos lo indique y así en su compañía formamos la gran mayoría de las relaciones y los posibles futuros.
Nada de extraño tiene que estemos llenos de decepciones si no nos hemos tomado el tiempo de quedarnos a solas con nosotros mismos y reconocer que tan ajenos nos somos. No es fácil considerar que todo puede ser una gran mentira y que hemos vivido engañados y como títeres, no es muy interesante considerar una posibilidad que de entrada no promete felicidad, seguridad y descanso.
Es más sencillo tomar una verdad donde apoyarse y evitarse el trabajo de cuestionarse o proponerse una necesidad de cambio.
Parece que siempre llega el momento inevitable en el que hay que tomar una posición y defenderla, lo que ocurre es que generalmente cuando este momento llega estamos abrazando el miedo y no tenemos el tiempo de llorar nuestra soledad, tomamos esta posición quizá muy jóvenes y se nos va una buena parte de la vida en descubrir y rescribir nuestra historia.
Asimismo es posible que exista un momento especial para comenzar a cuestionar y conocer las posibles posiciones, un momento para pensar en esa palabra que no se nombra por que denota ausencia de todo, un momento en el que se debe decidir entre el silencio y la pregunta.

Bogotá 25 Marzo 2004

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