domingo, 10 de agosto de 2008

Colombia, un invento literario


¡Colombia es un paraíso!, esta frase sencilla es fácil escucharla en la voz de cualquier habitante de un pueblo o de una ciudad, esta frase parece haber tomado un cierto carácter de esperanza y un tinte de realidad gracias a la geografía colombiana.
Pero de igual forma esta frase parece vendarle los ojos a quienes la repiten, pues basta mirar las calles de la ciudad capital con sus miles de vendedores ambulantes y desplazados por la violencia que de alguna forma buscan asegurar su sobrevivencia. Basta mirar las condiciones de vivienda, alimentación y educación de los habitantes de las periferias en las grandes ciudades, para preguntarse si en el paraíso existen los estratos y si allí se le permitiría a un niño trabajar para ganar su alimento, por que la educación es un lujo que no cabe mencionar.
Es sorprendente ver como los gobernantes evaden las responsabilidades que el pueblo les ha delegado a través de un proceso democrático, anular la democracia, pasar por encima del pueblo que reclama los mínimos derechos legítimos que competen a su bienestar es atentar contra la salud física, moral y mental del individuo.
Colombia esta enferma, y ante la falta de reconocimiento de su enfermedad se le permanece anestesiada, cada noche el colombiano corriente recibe una dosis de reality o de novela que a partir de luces sonidos y colores incesantes le llevan a ese proceso letárgico de aparente calma. Tal como lo escribiera Carlos Monsivais “desde sus shows, concursos o melodramas, la televisión actúa para reducir al público, conformarlo en una actitud, docilizarlo.”
El proceso de masificación se apoya en el manejo de la mente grupal a través de una falsa idea de bienestar, beneficiando realmente a unos pocos que son maléficamente concientes de la dominación ejercida. En este punto se puede ver con claridad desde la psicología social como se maneja “la dinámica de grupo como una especie de ideología política preocupada por las formas en que debieran organizarse y manejarse los grupos”. (Dinámica de grupos Investigación y teoría, Cartwright y Zander, edit, trillas, México, 1985), el papel de psicólogo social tal como lo dijera George Simpson “engendra simpatía, comprensión, tolerancia, remedia el prejuicio y la deformación; hace posible la participación madura y racional en la vida del grupo al que se pertenece”, por su parte Néstor Braunstein nos dice que el Psicólogo social “esta en todos los aparatos del estado: ideológicos, represivos y técnicos con la función asignada de integrar al sujeto a la institución, haciendo que se sienta perteneciente a ella y obligado a cumplir con sus leyes, que acepte las prescripciones del “principio de realidad” que para él “se” han fijado.”
Así mismo el psicólogo es encargado de determinar según la conducta si el individuo es recuperable o si debe ser vomitado según las dos culturas que distingue Levi-Strauss, antropofágicas y antropoémicas. Queda entonces abierta la pregunta sobre el papel que esta jugando psicólogo social.
Se hacen estas referencias para resaltar el interés dominador de los “dueños” del país, en Colombia importa poco el individuo, el ingenuo creyente que depositó toda su fe y esperanzas en el estado, los mismos apellidos siguen sonando en los medios de comunicación, la riqueza económica esta concentrada en sitios específicos de las ciudades y los campos; el pobre cada vez más pobre, el rico cada vez más rico y la clase media agarrada de las uñas en el borde de un edificio en llamas desde donde pretende alcanzar un mejor estatus.
El colombiano no puede hacer caso omiso de los altos niveles de tensión que maneja en el día a día, ya no hay droga que pueda evitar el dolor, la anestesia cumple su efecto pero el problema no se soluciona con el triunfo de un deportista, ni con la belleza cada vez más falsa de nuestras reinas, se ha confundido de una forma impresionante el concepto de la resistencia con el concepto de aguante, el pueblo aguanta, aguanta hambre, dolor, miseria, mentiras, angustias, aguanta y espera con una paciencia casi enfermiza, aguanta y aun peor es que no quiere reconocer que lo hace por que piensa que resiste. Este aguante no es más posiblemente que un mecanismo de defensa, a nivel psicológico hablamos de negación (rehusarnos a creer una realidad). Aun cuando los mecanismos de defensa en su origen sean adaptativos, si uno de ellos en este caso la negación llega a extremos no permitiendo intervenir a otros medios quizá más efectivos para afrontar la realidad, puede convertirse en un mecanismo desadaptativo que impide una mayor maduración social.
La resistencia implica todo lo contrario del aguante, la resistencia implica precisamente no aguantarse las imposiciones y los desmanes del estado, la resistencia implica tomar posición y exigir con toda la fuerza de la voz que sean respetados los derechos humanos de los habitantes de un pueblo que no tiene por que patrocinar la desidia de sus gobernantes.
Y es que la gran diferencia esta en que la resistencia se opone a la fuerza, no sólo la aguanta, quienes han hecho la resistencia en Colombia hoy están muertos, ellos nos enseñaron con el ejemplo, con el ejemplo más valioso, nos enseñaron con sus vidas que la resistencia implica acción, movimiento, inquietud permanente y sobre todo confianza en el hombre, pues alguien que no confía en sus semejantes no es capaz de dar la vida por ellos.
La pretensión original de este escrito no es la de juzgar, pues la justicia en Colombia esta llena de jueces y en las cárceles parece no caber un individuo más, y muy a pesar del pueblo parece que los verdaderos bandidos permanecen libres pues se siguen robando hasta la educación. Es triste saber que apenas un 7% de la población escolarizada alcanza a iniciar estudios universitarios y que el modelo educativo imperante en Colombia sea un modelo conductual, sobre el cual no profundizaremos en este escrito, y baste con decir que como muy bien lo saben los psicólogos no se puede hablar de modelo conductual sin hablar de control.
Lo sencillo y quizá por ello lo más frecuente es buscar culpables, para descargar en los demás ese peso que ya no se soporta, y tal como lo cantara Alberto Cortés, se nos olvida que somos los demás de los demás. La propuesta es hablar más de responsabilidades que de culpas. Por que si se trata de responsabilidades mas que de culpas, a que colombiano no le corresponde una porción, que bueno que aun se puede hablar y escribir, que bueno que aun a pesar de el dominio de la televisión y el Internet queda la posibilidad de escribir una reflexión sobre un país que tarde comienza a dolernos, un país que comienza a dolernos cuando ya los muertos no se pueden contar, un país en el que hacer oposición puede representar el pasaporte a la tumba, un país que conoce al miedo por que se acostumbro a amanecer con él en los campos y a evitarlo en las noches en la ciudad. ¿Quién nos vendo los ojos por tanto tiempo?.
Tal como a nuestros antepasados indígenas les pusieron la Biblia en las manos mientras los despojaban de sus tierras y su cultura, a las actuales generaciones nos han puesto el televisor en la nariz mientras nos han despojado de los valores de la comunidad, al mismo tiempo que nos arrojan al abismo de la individualidad, se nos han llevado el país, nos dejan en el aire con la mirada en una pantalla llena de luces y colores, talvez lloremos cuando allí mismo nos proyecten nuestra historia de indiferencia y no podamos mas que decir que por una serie de adversidades particulares no tuvimos tiempo de sentir el dolor de la comunidad, el dolor de un semejante.
Ante la desesperanza que surge de forma natural y se manifiesta en el silencio y la quietud, aparece la empatía como esa capacidad humana de responder al estado emocional de los otros con sentimientos semejantes a sus emociones. Si bien originalmente conocemos la empatía como una tendencia constructiva, tal parece que esta forma de comprensión del otro en profundidad se viene usando con fines no altruistas. La cultura construye y avanza pero igual destruye y amenaza. Sin la empatía estamos caminando hacia un centro oscuro y frío, convirtiéndonos en un fragmento de masa informe y fría.
El colombiano posiblemente no olvide las carreras que ha ganado Montoya, el 5 a 0 contra Argentina, los nombres de los ganadores de protagonistas de novela, y la imagen de la mujer colombiana que nos venden en los realitys y en los reinados, pero por eso mismo el colombiano no recuerda que la nuestra es lastimosamente una historia de guerras inconclusas y que mientras la novela de la noche se pone más “interesante” la realidad del país es dirigida por caminos que se nos muestran como oscuros e irreconocibles.
En consecuencia se nos presenta el olvido como una constante en nuestra cultura, se nos presenta el olvido como conformidad y miedo. Pero aquí no se trata de olvidos sino de cambios, el olvido es una puerta grande y fácil aunque se muestre angosta y dolorosa, por el contrario el cambio no ofrece más certeza que el inevitable crecimiento de la persona y por consiguiente de la comunidad, el olvido engaña con su promesa de paz después de segundos quizás largos de dolor. El cambio obliga a la confrontación y a la evaluación del pensamiento. Los pequeños olvidos son raíces que echamos en un rincón placentero para ponerle un nombre que nos represente estabilidad. Por el contrario los cambios que asumimos son el desprendimiento de las anclas que soltamos en una pequeña playa con algunos rayos de sol.
Es necesario sembrar la inconformidad y cultivarla, cuestionar los paradigmas existentes es el primer paso que se debe dar para proceder a la orientación de la realidad social de Colombia, si permanecemos más tiempo frente a los televisores seguiremos ahondando en la incomunicación y repitiendo mecánicamente que finalmente estamos en el paraíso. Podríamos sorprendernos en algún momento del increíble poder de la negación, la forma en que evitamos a toda costa (utilizando desde la distracción más sencilla hasta la más compleja), el encuentro con nuestra inconformidad y nuestra imposibilidad, existe indudablemente un profundo miedo al reconocimiento de nuestras raíces individuales y culturales. Y la forma de salvarnos ha sido enamorándonos de la cultura actual, según el psicoanalista Elvin Semrad enamorarse es la única forma de psicosis aceptable en nuestra cultura” y “paradójicamente” la cultura que nos permite esta forma de psicosis nos dice así sencillamente que por ende debemos primero enamorarnos de ella misma, y aquí nos quedamos contemplando nuestra idealización, nuestra alucinación.
Parece que unas manos invisibles estuvieran guiadas por alguien o por algunos que comprenden nuestros sentimientos y pensamientos. Por tanto resulta sencillo así que nos ofrezcan siempre formas novedosas de canalizar nuestra soledad y el miedo que nos han creado.
De este modo y sin pretender atentar contra ninguna creencia religiosa o espiritual hoy se puede decir que el paraíso sigue siendo un maravilloso invento de la literatura.


Bibliografía
Carlos Monsivais, Cultura Urbana y Creación Intelectual.
Cartwright D y Zander A, Dinámica de Grupos investigación y teoría.
Ernesto Sabato, La Resistencia.
Montero Maritza, Construcción y crítica de la Psicología Social.
William Ospina, La Franja Amarilla
William Ospina, Lo que esta en juego en Colombia
Sigmund Freud, El malestar en la cultura
Bárbara Engler, Introducción a las teorías de la personalidad
Néstor Braunstein. La psicología social.
Arthur Ciaramicoli, Catherine Ketcham. El poder de la empatía.


¿Por qué es importante democratizar y descentralizar la educación en Colombia?


Como punto de partida se considera esencial presentar la definición de los conceptos democratizar y descentralizar desde el texto “la educación para un nuevo milenio” que será la base primordial sobre la que se desarrollará este escrito. Democratizar esta entendido como “garantizar las posibilidades reales de acceso y permanencia en una educación de alta calidad para todos los colombianos”, mientras que la descentralización implica “hacer que esas posibilidades de acceso y permanencia en la educación estén distribuidas por todo el territorio nacional”.
Más adelante el texto expone claramente los conceptos de calidad y educación, expresando una visión holística, y mostrando la clara necesidad que existe en Colombia de un cambio en cuanto a la estructura educativa se refiere, no se trata solamente de reformar los programas existentes, ni de buscar culpables o descubrir en el quehacer diario del maestro sus propias falencias y las que traen los estudiantes como heredadas de un sistema que no pasa de ser simplemente “funcional”.
La propuesta es clara y su importancia esta sustentada sobre una realidad que parece ser un constante grito de auxilio emitido por toda la sociedad, la educación no es un problema del maestro, del alumno, discípulo, estudiante o como se le quiera llamar, así mismo esta claro que no es la responsabilidad entera de un ministro o de una fracción mínima del estado, ni mucho menos un punto más de los que se debe ocupar un mandatario presidencial en su plan de gobierno que es como parece tomarse en algún momento, la educación más que un problema, una responsabilidad, o un punto importante a tratar dentro de un plan de estado es la base fundamental desde donde se estructura el pensamiento de un ser humano, y desde donde se deciden las posibilidades de que este mismo pueda hacerse partícipe de su destino, generando una visión crítica de su propia historia y de la de su cultura.
El texto propone cambios y reformas en las estructuras y políticas estatales, propone transformaciones en la educación y en su relación con el trabajo, renovaciones en la educación superior, y muy acertadamente reconoce la necesidad de dignificar la profesión del docente junto con la idea de desescolarizar la educación ciudadana. Todas las propuestas responden a necesidades reales del sistema educativo y finalmente a un ideal, a esa utopía que todos los que en algún momento se han sentido realmente comprometidos con la educación han construido.
Si bastaran las palabras para reconstruir una historia de cansancio y decepciones, o para devolverle la fe perdida a quienes han visto marchitarse sus ilusiones gobierno tras gobierno, entonces un solo orador apasionado o la pluma de uno de nuestros maravillosos escritores, ya habría logrado este milagro mil veces soñado de poseer una educación con calidad para todos. Una lectura atenta del discurso nos confronta con una necesidad de participación y compromiso de todos, maestros, estudiantes, empresarios, padres y gobernantes, nadie podría ser ajeno a un proceso de formación ciudadana, por supuesto que en ese mismo instante logramos descubrir que la economía juega un papel fundamental.
De esta forma volvemos la mirada a un país que posee una deuda externa en una cifra impronunciable, a un país definido en algún lugar como un fragmento de un pueblo al sur de los Estados Unidos, a un país que esta por entrar a un tratado de libre comercio a competir con gigantes sonrientes y veteranos en la batalla, a un país que no parece tener memoria, o que parece querer olvidar, querer morir y nacer a diario para tener siempre una nueva esperanza de que sus hijos se puedan educar, por supuesto que es muy importante democratizar y descentralizar la educación en Colombia, claro que es importante que se genere ese pensamiento crítico y esa cultura ciudadana que apenas esta naciendo.
Negar la importancia de las reformas propuestas seria negar la maravilla de la poesía y de la literatura de nuestros pensadores, sería desconocer los esfuerzos de esos maestros que día a día sueñan con una educación mejor y que construyen desde lo más profundo de su ser el cambio al posibilitar las posibilidades creativas de sus estudiantes llenos de sueños, el alimento principal de los colombianos.
Bogotá. 2006

Una Llamada Al Amor


Conciencia, libertad y felicidad, las tres palabras que acompañan el inicio de las meditaciones que nos presenta Anthony de Mello en su libro Una Llamada Al Amor, la propuesta parece muy sencilla, el error radica en nuestra forma de pensar como alguna vez lo propuso en su Elogio de la dificultad el maestro Estanislao Zuleta “nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que la desgracia no esta tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la misma forma de desear. Deseamos mal”.
Es como un juego que no queremos reconocer pero jugamos todo el tiempo, por más que alcanzaras todas tus metas propuestas sabes que no te brindarán la felicidad que estas esperando, se pone la felicidad como una meta a lograr como el fin último de la existencia, se amarran cadenas y anclamos esperanzas en islas inventadas, pretendemos encontrar una verdad que nos brinde un trago mágico que por fin nos libere de la incertidumbre del día último, se nos enseña a escapar de nosotros mismos a buscar todo cuanto necesitamos en el exterior, a pensar más en un futuro que en un presente, allá en ese futuro esta la posibilidad, esta todo cuanto hemos deseado y esperado.
Somos en definitiva epicúreos, aun cuando podríamos considerarnos los más mediocres de los epicúreos, pues queremos evitar el dolor precisamente generándonos grandes mentiras que luego nos masticamos y tragamos con una sonrisa para en seguida sentarnos a llorar nuestro dolor y nuestra verdad, aceptamos la evitación del dolor más no la verdadera búsqueda del placer (aceptando este aquí como sinónimo de felicidad), ponemos mayor atención a las indicaciones que nos garanticen un largo sufrimiento que a las posibilidades que nos ofrecen el autentico disfrute del instante, queremos hacer el mejor uso de nuestras capacidades de pensamiento y contrariamente terminamos comportándonos de la manera mas torpe, escondiéndonos en un pequeño segmento de una idea impuesta.
Si entendemos libertad como la capacidad de libre decisión ya entramos en el punto preciso pues en ningún momento se nos permite detenernos a pensar y decidir si aceptamos o no la idea que nos están inculcando.
Así podemos por ejemplo reconocer que los miedos y creencias que tanto determinan nuestro comportamiento han sido heredados no solo de nuestro hogar, si no en gran medida de la sociedad en la que nos encontramos inmersos, lloramos nuestros muertos y las despedidas por que no queremos aceptar la partida de los seres a los que les habíamos delegado la responsabilidad de nuestra felicidad, ellos representan de alguna forma lo bueno de la vida y desprendernos de ellos significa por tanto volver a ese mundo oscuro y lleno de soledad que se encuentra en nuestro interior, la pregunta que se trata de responder es como amarlos desde el interior, talvez los apegos sean tan necesarios para nuestro aprendizaje como el hecho de gatear para que el niño pueda caminar.
Un buen camino que se propone es el cese a la violencia, de nada sirve observar y cuestionar nuestras conductas si el proceso inicia con un reclamo y termina con una condena, si todas y cada una de las ideas que poseemos forman parte de un proceso de adoctrinamiento es imposible que tengamos la claridad para asumir el papel de jueces y condenarnos o absolvernos totalmente.
Podría rescatar una gran cantidad de las reflexiones del libro y dejar pasar de lado las contradicciones que se presentan, evitarme el trabajo de detenerme en esos puntos que me ponen otra vez sobre la incertidumbre, pero esto sería igualmente aceptar verdades y recibir una nueva “programación”.
Rescato enormemente la importancia que se le da a la necesidad de reconocer nuestra esencia de soledad, me inclino a creer que un punto importante y básico en el crecimiento del ser humano esta en reconocer esa ausencia que esta por encima de todos los razonamientos, las islas inventadas, los amores, los sueños, y las esperanzas apuntan más que a la búsqueda de la felicidad al escape de la soledad.
Tenemos por encima de todo un miedo monumental que nos abraza mientras ríe de saber que lo abrazamos a él por que no nos conocemos, comenzamos a caminar por donde este nos lo indique y así en su compañía formamos la gran mayoría de las relaciones y los posibles futuros.
Nada de extraño tiene que estemos llenos de decepciones si no nos hemos tomado el tiempo de quedarnos a solas con nosotros mismos y reconocer que tan ajenos nos somos. No es fácil considerar que todo puede ser una gran mentira y que hemos vivido engañados y como títeres, no es muy interesante considerar una posibilidad que de entrada no promete felicidad, seguridad y descanso.
Es más sencillo tomar una verdad donde apoyarse y evitarse el trabajo de cuestionarse o proponerse una necesidad de cambio.
Parece que siempre llega el momento inevitable en el que hay que tomar una posición y defenderla, lo que ocurre es que generalmente cuando este momento llega estamos abrazando el miedo y no tenemos el tiempo de llorar nuestra soledad, tomamos esta posición quizá muy jóvenes y se nos va una buena parte de la vida en descubrir y rescribir nuestra historia.
Asimismo es posible que exista un momento especial para comenzar a cuestionar y conocer las posibles posiciones, un momento para pensar en esa palabra que no se nombra por que denota ausencia de todo, un momento en el que se debe decidir entre el silencio y la pregunta.

Bogotá 25 Marzo 2004

¿Somos modernos?


Como en el ejemplo de la habituación en el que ponemos una rana en el agua y poco a poco le vamos elevando la temperatura hasta conseguir una deliciosa sopa de rana, las manos que hemos querido ver invisibles lentamente nos han ido convirtiendo en “modernos”, es decir; nos han convencido de un concepto de modernidad que equivale a una penetración cultural indolora, de este modo terminamos “gozando” de los resultados de un proceso que no hemos cumplido, aunque parezca irónico, el modelo de modernidad que se generó en Europa y que es el que se reconoce en la actualidad necesitó desfilar por varias revoluciones, desde la revolución científica, pasando por la política, económica y cultural hasta el fenómeno de globalización donde somos invitados de honor.
Entonces resulta interesante la pregunta ¿somos realmente modernos?, quizá cumplimos con los parámetros de lo que es la modernidad hoy, se habla de democracia, economías de mercado y el consumismo día a día hecha mas raíces y promete hacerse mas fuerte.
Bienvenidos a la gran fiesta de la modernidad aquí no se paga la entrada, no se necesita revolución alguna, solo hay que quedarse quietos y esperar que los beneficios comiencen, la tecnología en sus bases mas simples y en manos de los ambiciosos del poder se encarga de traernos todo cuanto nos puede hacer falta, con las imágenes en movimiento y las palabras precisas vamos solucionando los problemas que se puedan presentar, cualquier sueño se puede vivir a través de un televisor. Tonto el que no entienda que el precio de la fiesta, se pagó por adelantado por nuestros antecesores que nos matricularon en la escuela de la ignorancia y nos aseguraron el titulo de “modernos”.
Aunque no se trata de buscar un responsable directo para que nos seque las manos, puede ser importante echar una mirada al pasado y al presente también para saber si estamos en consecuencias lógicas y para hacer una proyección de los posibles futuros de los cuales definitivamente seremos los antecesores. De este modo podría decir, tonto el que no entienda que la fiesta no se acaba, y hay que seguir pagando o salirse. Pero ¿A dónde se va?, ¿Qué es lo que no es la modernidad? Seguramente será el atraso o el subdesarrollo, seguramente será eso que se llama el tercer mundo, o lo mismo que han dado en llamar países en vía de desarrollo, y aquí precisamente aquí es donde nos preguntamos Cómo así ¿será que estamos por fuera de la modernidad?, ¿será que nos están diciendo mentiras y somos pseudo modernos? ¿Será que hay alguien que no nos respeta y se burla de nosotros?
Es posible que existan esos malvados de las tiras cómicas y las pobres victimas, que en este caso podríamos ser nosotros los colombianos, pero entonces ¿Dónde están los héroes?, creo que los héroes nacen del asombro y la sorpresa, de ver como juegan con nosotros, con nuestra soledad y más aun como dejamos que se burlen de nuestra razón vendiéndonos un nuevo Dios deshumanizante.
Si la razón se ganó un lugar al desplazar los dogmas religiosos, quienes se han hecho más amigos del poder han manejado la razón para crear un nuevo todopoderoso que nos promete la eternidad y la felicidad que nos prometió en otro tiempo la iglesia. Ahora rezamos a la tecnología olvidando quien esta detrás de esa ilusión que se nos presenta como realidad.
Tal vez necesitamos preguntarnos en donde estamos dejando naufragar el humanismo y la razón, en que lejana isla dejamos nuestra responsabilidad, y por que no nos dio miedo entregarnos desnudos y de manos atadas a un dictador delirante que honramos con todas nuestras horas incluso hasta llegar a perder el sueño.
Siempre que nos detengamos a cuestionar nuestras actitudes y comportamientos se nos hará necesario conocer y estudiar nuestra historia y por ende la de nuestra sociedad.
De este modo se hace inevitable una relación con los hechos históricos que nos ponen frente a una realidad no escogida y que de alguna forma se nos presentan como único camino de conocimiento. El pasado más que simple memoria se hace el camino a seguir para reconocernos y revalorarnos frente a una realidad que nos cuestiona todo el tiempo nuestro papel de constructores de una nueva historia y un nuevo futuro o como simples ejes de un mal sueño que se repite.
Por consiguiente si no queremos formar parte de un ejercito de hombres con los ojos vendados sin armas y sin contendores es nuestro deber más que conocer nuestra historia, cuestionarla y diseñar los posibles caminos que nos impidan repetir el silencio y la indiferencia que hasta hoy han formado parte de nuestra cultura.

Bibliografía

Lo que esta en juego en Colombia, William Ospina
¿Somos o no modernos en América Latina? , José Joaquín BrunnerPatas arriba la escuela del mundo al revés, Eduardo Galeano